Poesía existencialista





Me detengo ante el sentir de este cuerpo que envejece,
no son profundas mis arrugas, las ojeras hasta se iluminaron,
mi cuerpo ya es imperfecto pero tiene su gracia,
miro, miras mis piernas, contradicen mis años,
mis senos aún caben en tu mano cálida.
El tiempo no es importante, puede continuar su camino a mi lado,
destilándolo en silencio
mientras mira lo extraña que es la vida
a nuestro lado aunque te hayas callado
y la pasión parezca suspendida.
Sabemos que la urdimos con palabras y carne
y la carne es nuestro cuerpo espiritual,
así como templos nuestros hogares peregrinos de cuatro paredes húmedas,
de olores mixtos cuidadores de nuestros secretos.
Decenas de años sumergidos en la intensidad del primer encuentro no naufragan
menos bajo la censura, las sentencias,
sólo podemos repartirlos, estos para ti, estos para mí,
o esconderlos donde siempre, allá bajo la piel o en el borde de los labios
No, no se desvanecen, no nos engañemos...
Cuando el agua me recorre te acerca,
cuando cierras la mirada mojada sabes que estoy contigo.
Nos une un silencio subversivo, más peligroso aún que en otros tiempos,
por eso acepto tus sueños, ese silencio, nuestros recuerdos esparcidos
que regresan a nuestros antiguos pasos: una esquina, una casa ya derrumbada,
mi biblioteca y tu música, tantas avenidas hoy descoloridas
con sus espacios secretos como los nuestros.
Construimos una pequeña ciudad con direcciones falsas,
horarios inventados, actividades inciertas, miradas ajenas curiosas,
calles sólo para el amor... Nuestra ciudad sin noche, nuestra ciudad sólo de luz,
luz, luz, luz que envejece, agrieta la piel, espanta los sueños, irrita esperanzas, aleja...
Sumerjámonos en las noches, preservemos este inaudito encuentro de vida


                                                                        Patricia Valdivia Rivera




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