PROSA POÉTICA


NUESTRA CASA...


La hiedra ha crecido tanto que de sus entramados ha dejado salir ramas enormes que caen como cabellos en las paredes de la casa. La entrada muestra una especie de cresta vegetal ya inexpugnable. Al árbol de eucalipto, no sé cómo, a pesar del abrazo asfixiante del jazmín, logra tenerse en pie, en realidad es un eucalipto/jazmín, pues de su copa se asoman las flores olorosas del jazmín que lo ha trepado más allá de su copa original, aún le brotan hojas grisáceas enormes y olorosas. La flor de jade, tan remolona, que se dió el postín de florecer a los cinco años de tu partida, ahora se apropió completamente del árbol de aguacate, cuelgan de él ramilletes azulados con un dejo brillante de color violeta que tocan casi la tierra, la enredadera ya ahoga la mitad del romero y casi toda la cayena de flores blancas con el centro rojo. 

La naturaleza que envuelve la casa se ha vuelto selvática, sólo obedece sus instintos. El bastón del emperador ha tomado casi todo el terreno de la parte de arriba, allí donde sobrevive la trinitaria. Tienen una lucha a muerte. La trinitaria está triste, ya no se engalana con sus flores rojas sangre, apenas le queda uno que otro rasguño rojizo para negar su muerte. Ya el malojillo sucumbió a la maleza, también el toronjil, la flor morada, esa que nace seca y vuela a manera de helicóptero está alta y no se deja ahogar yo la llamo la flor de Rita, a mi hermanita le gustaban mucho, me lo dijo en La tierra de Nadie, la otra flor morada que crece en ramillete también está hermosa y se sobrepone al gamelote, y las coquetas moradas están por doquier. 

El cariaquito morado florece... sí, lo morado se impone como pagando una penitencia. Es un color que está más cerca del luto que de la alegría. Al subir hacia la casa apenas se ve su puerta siempre abierta en medio de un casi túnel de maleza y árnica. Pensar que sembramos la árnica para que no desapareciera de la zona, El Amarillo en su homenaje. Ya no domina el amarillo pero la árnica sembrada empuja por detrás a las cayenas y estas se curvan sobre la carretera. El carro apenas sube arrastrando hojas y a veces pétalos amarillos que tienen un olor amargo. Ese amarillo es como el sol, tibio, sin fuerza. 

Ya son dos años de lluvia o sea de invierno, por estas partes, el verano no se ha asomado. El terreno de abajo casi ni se ve... los gamelotes, o gramalotes como decía Solanito, pasan los tres metros. Sólo se ven desde arriba el árbol de limón francés sin limón desde hace mucho, los cambures que crecen insanos, endebles por recibir demasiada agua y frío para ellos, ya no hay lechosas, la guayaba por fin le ganó la batalla a los parásitos, ¡creció! Pero no da frutos. El árbol de onoto está muy lindo, sus semillas se abren como bocas llenas de dientes rojos, parece un árbol caníbal, toda su copa muestra las bocas abiertas como esperando su próxima víctima, pero no, es un árbol totalmente vegetariano, más bien, muy gentil alberga a las hormigas y nos ha auxiliado cuando necesitábamos de sus semillas para los bollitos navideños.


                                                                                    Patricia Valdivia Rivera

Comentarios

Entradas populares de este blog

Joaquín Marta Sosa