Poesía existencialista
Mi liberación depende del alejamiento de los pasos
ajenos
Se repiten una y otra vez en mis oídos
Y en mi mirada oblícua
Arrastrados pasos de minusválidos
Urgidos de atención
Pasos sin medias o
Pasos enchancletados
Pasos mendigos
Mi liberación depende de no volver a palpar
Nunca más
Las miradas insistentes
Que me hurgan
Persiguen hasta mis más nimios movimientos
A distancia
Debo desaparecer ante la pregunta eterna
Temerosa cuando escribo, salgo
Escucho música, sonrío sola, pienso
Mi liberación depende del alejamiento de esa piel
No más aromas transformados en olores que no resisto
Sudores lejanos serosos retenidos en el tiempo
El tiempo descompone hasta el más dulce perfume
Las flores marchitan en los cuerpos inanimados
Mi liberación depende del silencio total
Del mutismo, de la desaparición de las palabras fatuas
Vestidas para mí que no engañan, ni sorprenden
Ni interesan, no son auténticas
O que si les pertenecen me las arrojan
Una, otra vez como enciplopedias
Las enciclopedias no tienen corazón
Yo prefiero la ausencia absoluta de sonidos
Mi liberación depende de no necesitar nunca más
Recordar lo indispensable para sobrevivir
Ni observar los rastros sucios que acumula el tiempo
No quiero cuidar lo material
Lo ven
Como si pudiera renacer de la nada
Mi liberación depende de percibir la vibración de mi ser
Soltar mi grito telúrico
Permitir las acaricias deseadas
De otras manos
Mil manos
Bocas y retemblar con la vida
Alguna vez supe estremecerme con la vida
Mi liberación verdadera, total, absoluta
Plena de gritos de libertad y felicidad
Depende de abandonar los millones de años
Bajo los techos que oprimen
Sin que me acusen
Miren con tristeza mi vejez
Culpada por lo que sí he dado a plenitud
Quiero huir de lo bueno y fiel al finito
Nadie debe ser fiel a lo muerto
Huir puede ser una decisión de libertad
Cuando ya no hay tremolío
Mi liberación depende de mí
Sólo puedo elegir la soledad bajo el jazmín
Patricia Valdivia Rivera

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