Azul de Manicuare, no lo viste, estabas sumergida en el amor.
Me hinco derrotada ante tu silencio impenetrable, acero bélico entre los corazones
fracturados...
¿Nada puede ya unir esos trozos? Demasiadas palabras ocultas, invisibles,
dispersas entre la arena y la verdad de estas montañas arrulladoras.
Quisiera contar otra historia, inventarte una a la medida de tu corazón con mi alma,
sepulté todas mis razones, las razones son asesinas,
sólo te pido una palabra pero se eterniza la pausa...
Los dioses disponen cosas inexplicables... ¿Dónde quedó mi amor?
No te acunó la inquina y miro mis brazos tuyos, mi rostro ya envejecido de mirada llorosa, miro la sonrisa que no aparecerá nunca más en mis labios, y mis manos y mi memoria triste me hablan de tu alegría en otros tiempos y dudo, sólo creo en mi nostalgia y en tus palabras de lejanía: no me esperes... aunque mi vientre se sacuda vacío.
Vivo aún, mi añoranza se alimenta del amor, está hecha de rocas caprichosas carcomidas por el salitre oriental, cubierta por las aguas azules y verdes de
de tus ojos, por los latidos fuertes de mis recuerdos, no sé si verdaderos, pero te tararean mi infinito amor en espera...
Patricia Valdivia Rivera

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