En su tiempo el genial artista inglés, integral, autodidacta, William Blake (1757/1827) pasó apenas a ser considerado un poeta loco, un filósofo defensor de la justicia social y la libertad, un visionario alucinado, grabador, pintor, místico, profeta… 
 
Pero dejó suficiente obra como para comenzar a generar interés recién a mediados del s. XIX, por haber sido pionero en buscar la integración de la literatura con otras manifestaciones artísticas y por la originalidad de sus reflexiones. Gracias al desarrollo de la tecnología su obra se difundió y favoreció que influyera en las vanguardias a lo largo del s. XX.
 
Mirar la intensa obra de Blake exige una actitud desprejuiciada, limpia, para permitir que sus palabras e imágenes hablen a nuestro interior y nos abran la mente y el alma. Sólo así podemos entender su arte y quizás crear sin prejuicios, tal como lo afirmó Blake: “La imaginación no es un estado: es la existencia humana en sí misma”. Murió en absoluta pobreza y en el más injusto desconocimiento a sus aportes al Arte.
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William Blake - Un sueño: 
 
Cierta vez un sueño tejió una sombra
sobre mi cama que un ángel protegía:
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.
Confundida, perpleja y desesperada,
oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
tropezaba entre la extendida maraña,
toda desconsolada, y le escuché decir:
«¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
¿Oirán cómo suspira su padre?
¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
¿Acaso regresan y sollozan por mí?»
Compadecido, solté una lágrima;
pero cerca vi una luciérnaga,
que respondió: «¿Qué quejido humano
convoca al guardián de la noche?

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